¿Qué es ser de izquierdas?

Deleuze

 

 

Gilles Deleuze fue un filósofo nacido en París el 18 de enero de 1925 y que se suicidó en la propia Ville Lumiére, el 4 de noviembre de 1995.

Para quien quiera profundizar en su obra y su vida, ahí está internet con su magnífica Wikipedia y demás fuentes abiertas y gratuitas. En este post tomaremos de Deleuze un simple cabo de su amplia madeja.

¿Por qué se quitó la vida?… Esas cosas nunca se llegan a saber del todo,  pero nos consta que terminó sus estudios en la Sorbona en 1948 y que prácticamente desde ese momento fue profesor aunque, claro está, eso no es razón suficiente para adoptar semejante determinación.

Deleuze dedicó un especial interés a esas cuestiones que hoy en día no parecen importarle un pimiento a nadie, tales como la libertad, el capitalismo, el psicoanálisis, el marxismo, etc. y en lo relativo a su forma de vivir, podemos situarlo en ese ambiente existencialista de la postguerra mundial y de los cafés parisinos de los años 50 y 60.

Vamos, que según propia confesión, era un bebedor más que moderado, un fumador empedernido y un admirador de Edith Piaff. Si en consonancia  no se hizo comunista fue porque no soportaba sus (interminables) reuniones.

Viviendo así no es sorprendente que durante sus últimos años padeciera una severa insuficiencia respiratoria, lo  que sin duda podría haberle hecho desear una “puerta de salida” algo más expeditiva que la que le ofrecerían los médicos. En fin, no lo sabemos, pero el caso es que decidió tirarse por la ventana.

Aparte de ello Deleuze tenía un motivo añadido, más bien surrealista, para quitarse la vida: Un motivo profesional, si se quiere decir, por extraño que resulte.

En efecto, en el año 1988 la periodista Claire Parnet, una antigua alumna y amiga suya,  le hizo una serie de entrevistas para la televisión con la condición, que no sé si por entonces fue una innovación del propio filósofo o ya era una modalidad periodística utilizada, de que no se emitieran hasta después de su muerte.

Las entrevistas se realizaron entre 1988 y 1989 y se estructuraron por orden alfabético titulándose cada una, al estilo de las famosas novelas de Sue Grafton, desde la “A de Animal” hasta la “Z de Zig-Zag”.En cumplimiento de lo acordado, fueron emitidas por la televisión francesa en 1996 y luego publicadas en forma de libro, evidentemente póstumo. Su transcripción (y los vídeos) están disponibles en internet con subtítulos en español.

Hablar “para después de la muerte”, como el propio filósofo comenta al inicio de la primera sesión, otorga una gran libertad pues quien habla realmente es (ya) un espíritu, alguien desasido de compromisos y presiones de ningún tipo. Si además de libertad tiene una gran inteligencia y un profundo compromiso cívico, como era el caso, el resultado es una obra de gran calidad. Vamos… un gran éxito editorial. Algo que muchos pasan la vida persiguiendo sin conseguirlo, ni antes, ni después.

De entre los 25 apartados de esta miscelánea, hay un epígrafe francamente logrado en cuanto a su sencillez de exposición (a diferencia de lo que ocurre con muchos filósofos, Deleuze procura hablar claro) y en cuanto a inspiración conceptual. Es el apartado de la letra “G”, referido a la Izquierda (“gauche”).

Pregunta Claire qué es lo que piensa el entrevistado que es “la Izquierda”. ¡Ahí es nada!  Pues bien, para él todo depende de un posicionamiento de carácter geográfico. Es la situación topográfica de nuestros intereses lo que determina nuestra postura moral y política. En fin, que todo es cuestión de dónde situemos el horizonte. La izquierda, sugiere, no sería tanto una ideología, como una forma de percibir el mundo. No se aleja mucho del propio Marx (“es el ser social el que define la conciencia”).

 

De este modo, las políticas planteadas desde el “Yo”… para, a partir de ahí, ir ampliando el círculo de nuestros  intereses. Es decir, las políticas identitarias como paradigma, son esencialmente de derechas, se pinten como se pinten.

Para Deleuze, cuando hablamos de “lo nuestro”, de lo que hablamos en realidad es de cómo encontrar la manera de hacer perdurar nuestros privilegios y otros desequilibrios de los que sobradamente conocemos su injusticia y que, además, estarían llamados a desaparecer, si no fuera porque somos capaces de desplegar una extraordinaria actividad política para defenderlos.

Hay otra visión, que con cierta ingenuidad el filósofo atribuye a los japoneses, aunque no va descaminado en la intuición de que algo tiene que ver con el anti-individualismo y la cosmogonía social de las culturas de origen confuciano.

Esta consistiría en percibir el mundo desde fuera hacia adentro, desde el horizonte global al continente,  la nación, el país, las regiones, las ciudades, el grupo y finalmente, el yo. Una percepción cosmopolita y más a largo plazo que identifica certeramente con la esencia de “la izquierda”.

tomas meabe

Aunque el bueno de Deleuze tal vez no le conociera, nosotros tenemos a nuestro poeta bilbaino Tomás Meabe  que clavó esa misma idea al proclamar que su Patria “comenzaba en él y terminaba en ninguna parte”.

Por cierto, que aunque le dedica la letra “K” de su Abecedario, Deleuze no parece simpatizar demasiado con el viejo Kant y sin embargo en su planteamiento universalista podemos sentir el latido del imperativo categórico del maestro de Königsberg: Obra sólo de forma que puedas desear que tu acción se convierta en una ley universal”.

Podríamos preguntarnos entonces respecto de si un planteamiento político concreto es universalizable. Si la respuesta es afirmativa, casi con seguridad… ¡es de izquierdas!

En otro caso… ¿Se trata de algo aplicable “sólo para nosotros”, naturalmente que por múltiples razones bien fundadas?… No nos engañemos más, ¡Es política de derechas!

Así pues, habremos de reconocer al malogrado filósofo que, en los actuales momentos de despiste y tribulación de la socialdemocracia, su propuesta metodológica tiene, por lo menos, dos ventajas: resulta sencilla de comprender y fácil de aplicar… en teoría.

La práctica, en efecto, ya es otra cosa. Quienes sintamos una vocación política desde la izquierda, además de pensar desde lo universal a lo propio, no tendríamos que claudicar ante las realidades sociales, culturales, económicas, demográficas, etc. que vayamos encontrando a la hora de actuar . Es decir, después de la reflexión, hay que recorrer un camino de vuelta (la “praxis”) que va desde el “Yo”, sujeto político, hacia la realidad que lo circunda y lo interroga. El pensamiento político sin acción, sin compromiso, es un barroco entretenimiento de salón.

Plegarse ante las percepciones de la realidad, supondría la renuncia anticipada a todo objetivo transformador. Una respuesta de este tipo, incluso tras una reflexión teórica formalmente progresista, podrá ser política, pero no “política de izquierdas”.

El poder político pierde su autonomía, su esencia, su ser (poder) como fruto de la soberanía ciudadana y los poderes llamados “fácticos” (únicos reconocidos como reales) dictan su voluntad.

En esta distopía, quizás no demasiado remota, el hombre deja de ser “zoon politikon” y  la democracia deviene innecesaria.

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Fuera del control de las grandes corporaciones empresariales que, merced a la globalización,  se habrían adueñado del horizonte, quedarían, si acaso, conflictos de mucho ruido y de menor importancia pero capaces de apasionar y entretener a las gentes sin necesidad de que se pongan en riesgo los fundamentos del sistema.

A este fin se aprestan de maravilla cuestiones (conflictos) como las referidas a las lenguas ancestrales, las paranoias tribales, los nacionalismos, las religiones y el fútbol, por poner ejemplos evidentes.

Por pasar de las musas al teatro, efectuemos algún acercamiento sobre temas que aparecen en el debate actual.

Comencemos por el del libre comercio. La tecnología permite (más que permitir, impone) la globalización de las transacciones comerciales, aunque puedan perfectamente quedar grandes áreas del mundo excluidas y marginadas.

Esta globalización de las transacciones fuerza la competencia entre los factores generadores de valor comercial, la competencia por la innovación, la tecnología, los recursos financieros, las influencias ejecutivas, la logística y en general, los costes de producción, salarios incluidos, naturalmente.Ninos-trabajo_infantil_TINIMA20120416_1183_18

¿Es de izquierdas, o es de derechas, la idea de un libre comercio a escala planetaria? Deberíamos responder que constituye un ideal netamente progresista.

¿Puede esta idea, inicialmente benemérita, implicar unas determinaciones políticas concretas que salvaguarden los intereses (fiscales, por ejemplo) del capital financiero internacional, mientras se subastan a la baja los salarios de los trabajadores en una competencia mundial?

Otro caso. La Iglesia Católica se llama “católica” precisamente en el sentido de “universal”. ¿Pueden sus cualificados portavoces proyectar una mirada sobre los inmigrantes, gentes que no hacen otra cosa que seguir los pasos del propio fundador Jesús de Nazaret que tuvo que huir a Egipto (Mateo 2, 13-15),  preguntándose, como hacían los servidores del terrateniente (Mateo 13, 24-30)… si serán todos, o no, “trigo limpio” o cizaña?

trigo

¿Qué interés puede tener, para una Iglesia que se predica “Universal”, preocuparse por las “raíces cristianas de Europa”? ¿Acaso hay algún colectivo humano, Iglesia incluida, donde todos sean, sin excepción,  “trigo limpio”? ¿No será más coherente con el ideal católico un principio de solidaridad para con toda la humanidad doliente?… Huelga decir que semejantes planteamientos, ni son de izquierdas, ni son cristianos.

Para terminar, un ejemplo más cercano y de palpitante actualidad. ¿Es generalizable  un modelo fiscal como el Concierto Económico del País Vasco?

En principio, el hecho de que las instituciones llamadas a determinar el gasto público sean también responsables de la obtención de los ingresos necesarios (principio del “riesgo compartido”) parece una buena idea. Ahora bien ¿Se podría generalizar el cálculo del Cupo, establecido en el 6,24 % del PIB, para todas las comunidades autónomas? ¿Qué ocurriría con los ingresos totales del Estado?

Si se trata de algo universalizable (ingresos totales iguales o superiores a los actuales)… ¡miel sobre hojuelas! Pero en caso contrario, la defensa política de esa base de  cálculo podrá venir avalada, como siempre suele ocurrir, por una multitud de razones de variada naturaleza que serán oportuna, prudente e inteligentemente expuestas… Pero jamás se podrá sostener que sea una política de izquierdas.

Una respuesta a ¿Qué es ser de izquierdas?

  1. Marisina dice:

    ¡Huy, lo ka dishooooo!!……¿renunciar a privilegios?….eso no no es ni de derechas ni de izquierdas, sencillamente, es INHUMANO, esteeee, perdón, NO HUMANO, amos, que no susede en ésta especie.

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