He visto cosas que vosotros no creeríais…

lagarde

En relación al fenómeno del envejecimiento y sobre todo, de la longevidad de los nuevos pensionistas, el Fondo Monetario Internacional cree llegado el momento de “tomar medidas”, ominosa generalización del estilo de esa otra que reza: “hacer las reformas necesarias” y cuya concreción suele consistir, sí o sí, en estrujar a la personas en favor de los bancos. Así, en efecto, en el FMI se plantean los expeditivos y conocidos remedios consistentes en el retraso en la edad de jubilación, el recorte de las pensiones y el aumento de las cotizaciones, además de traer de nuevo a escena la vieja panacea de los planes privados de pensiones, que casi habían desaparecido del escaparate bancario tras el fiasco del estallido de la burbuja financiera.

Incluso, con el ánimo de fomentar el atractivo de semejantes operaciones, los economistas de la docta casa de la Sra. Lagarde llegan a preconizar su obligatoriedad. ¡Muy liberal, sí señor! Por el momento se desconocen las hipotéticas sanciones que se impondrían por el incumplimiento de semejante determinación, pero… ¡Al loro!

Puestos a sacar del armario de entretiempo soluciones “vintage” que la crisis había hecho desaparecer del mapa, también proponen el retorno de las llamadas hipotecas inversas, esas por las que uno se compromete a entregar  la casa de su propiedad en el momento de fallecimiento, a cambio de una renta vitalicia. Personalmente, no imagino nada que oponer a tal contrato, salvo que tengo para mí que la tasación previa de la vivienda, aquélla que muy posiblemente el propio banco había efectuado con generosísima consideración y visión expansiva del mercado en el momento de conceder el préstamo, cuando el hoy anciano era más joven, alcanzará ahora, invertidas las posiciones contractuales, límites de tacañería dignos de las novelas de Charles Dickens.

En pocas palabras, te vendo una casa a precios dignos del Taj Mahal, forrándome con los intereses de un préstamo estratosférico y te la recompro después, a precio de chabola ruinosa, volviéndome a forrar a tu costa… ¡pardillo/a!

Pero, además de estas soluciones más o menos previsibles, llama la atención la propuesta de que “los Estados contraten con aseguradoras privadas la cobertura de ese riesgo de que la gente viva más de lo esperado” (sic).

Es decir, que se recurre a los mercados de capitales para que “se transfiera el riesgo de la longevidad de los planes de pensiones a las instituciones que tienen más capacidad para gestionarlo”.

Lo de esa hipotética “más capacidad para gestionar las pensiones” es algo que los economistas del FMI no se toman la molestia de argumentar, ni de demostrar empíricamente. Es, como cualquier otro dogma, un acto de fe.

Desde la torre de marfil neocon se proclama que los bancos (que son los que se ocultan bajo el eufemismo de “mercados de capitales”) tienen más capacidad para gestionar las pensiones que los Estados. ¿Por qué?… ¡Porque yo lo valgo!

En cualquier caso, convendremos, los mercados de capitales (léase bancos) no son tontos.

Si el Estado, con astucia de trilero, les coloca (les “transfiere”) un riesgo, lo asumirán en el único y exclusivo caso de que dicho riesgo se pueda convertir en negocio. Más aún, en un negocio seguro, es decir, sin riesgo. Riesgo del que, en todo caso y sin ningún género de dudas, responderá finalmente el Estado, como es sabido, público, notorio y constante.

Pues bien, para que estos alquimistas del dinero ajeno puedan convertir el “riesgo de longevidad” en negocio, solamente hay dos caminos:

El primero pasa por forzar la reducción de ese mismo riesgo. Por ejemplo, si hablamos del envejecimiento de la población, además de la descaradamente anunciada reducción de las pensiones (que no dejará de tener su efecto moderador sobre esa longevidad descarriada) se podría diseñar un método eficiente para eliminar físicamente a los ancianos a partir de un determinado límite temporal. ¿Cuál?… aquél en el que el valor actualizado del capital acumulado en forma de cotizaciones, sumado al producto financiero neto obtenido de las mismas y calculado para cada pensionista en función de sus aportaciones previas, su estado de salud, estilo de vida, etc. comience a resultar inferior al coste de las prestaciones asistenciales que pudiera recibir, desde ese preciso instante hasta su óbito natural.

Es algo similar a lo que les ocurría a los replicantes de “blade runner”.

¡Qué emoción añadida para nuestra posiblemente aburrida senectud!… Con razón decía el Evangelio que “no sabéis el día ni la hora” (Mateo 25, 13)… Lo que nunca hubiéramos podido imaginar era que nuestro banco sí lo sabía… ¡Lo habían decidido ellos!

La otra alternativa consiste en aumentar el rendimiento de los capitales acumulados (y en ese terreno la habilidad de los sobrevalorados gestores de los fondos privados de pensiones durante los últimos años no nos permite albergar excesivas esperanzas) o aumentar las cotizaciones, que es lo que proponen. Es decir, ingresar más dinero. ¿Y de quién va a obtener más dinero ese altruista “mercado de capitales”? … Pues del cotizante… ¡o del Estado!

¿Dónde queda, entonces, la gracia de que en vez de ser el Estado el que, sin ánimo de lucro evidentemente, se haga cargo de las pensiones de sus ciudadanos, este cometido se transfiera a unas empresas (los bancos) que, además de pagarlas, aspirarán lógicamente a obtener un excedente en forma de beneficios?… ¿Qué les hace suponer a los economistas del FMI que los mercados de capitales se van a dejar engañar tan fácilmente por los Estados?… ¡Los bancos son buenos, incluso beneméritos… pero no tontos!

Una respuesta a He visto cosas que vosotros no creeríais…

  1. Pedro Escalante Garay dice:

    El tema es inquietante y relevante. Es evidente que con las instituciones y las contabilidades actuales no podremos asumir un estado natural deseado como es la prolongación de la vida.
    No obstante, ya que se ha mencionado el informe del FMI, en el que se hace una consideración interesante sobre el modelo económico del FMI tras la crisis, destacaría la introducción de Blanchard antes de salir del FMI.
    Recoge justametne una idea de la economía que ya no tiene futuro. La sociedad ha empezado a superar los supuestos neoliberales que surgieron al comienzo de la era industrial… simplemente proque ahora mismo la sociedad los ve como graves problemas, que no afrontan las necesarias soluciones…

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