LAS GRANDES SOLUCIONES (I)

bombilla niño

Uno de los pocos libros que no creo que vuelva a prestar jamás, es el magnífico y entretenido ensayo de Geoffrey Regan titulado “Historia de la Incompetencia Militar”. Es un libro de esos que podemos catalogar como necesarios y al que hemos de volver una y otra vez. Esencialmente explica, con profusión de ejemplos que, por paradójico que nos pueda resultar, las derrotas militares no suelen ser fruto de la cobardía, ni siquiera de la desigualdad de fuerzas sino, las más de las veces, de planteamientos que se extravían cuando la razón viene a ser nublada por elementos emocionales aparentemente valiosos tales como la osadía, la perseverancia o el honor y no se analiza adecuadamente la realidad por parte de los comandantes.

Por cierto que, quien dice guerra, dice cualquier tipo de combate frente a cualquier clase de dificultad. Si algo, lo que sea, desde el miedo paralizante hasta el valor temerario; desde el patriotismo más abnegado a la corrupción más abyecta nos trastorna el juicio, estratégicamente estamos perdidos.

La política, como tan frecuentemente se dice, citando (mal) a Karl Von Clausewitz, es la “guerra por otros medios”. Y digo mal porque la verdadera frase del genio militar prusiano señalaba que: “La guerra no es simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político, una continuación de las relaciones políticas, una gestión de las mismas con otros medios.” O sea, justo al revés: Es la guerra la que constituye un modo particular de gestión política.

En cualquier caso lo cierto es que, para un estratega, la parte fundamental de su trabajo consiste en el análisis de la problemática, sea el campo de batalla, la situación política o los mercados competitivos, para adoptar la resolución que mejor conduzca al logro de sus objetivos y proceder, entonces sí, a la decidida ejecución  de lo decidido (y perdóneseme el juego de palabras).

Sin embargo, los líderes políticos suelen frecuentemente ser (y tenerse) por “hombres de acción”. Gente arrecha, propietaria de egos un tanto inestables y sensibles hasta la paranoia. Juicios trastornados en buena medida por la zapa constante de colegas, asesores y dependientes cuya pleitesía construye indefectiblemente los discursos que más pudieran halagar a sus oídos, al margen de toda verosimilitud o coherencia con la realidad.

Por si esto fuera poco (y no lo es) vivimos en sistemas político-mediáticos y los medios de comunicación necesitan alimentar constantemente la caldera informativa con respuestas a todas sus preguntas. Respuestas que han de producirse a la velocidad que la frecuencia mediática exija. Algo que, en la era de internet, ni siquiera es diaria, como en el viejo periodismo, sino inmediata.periodistas acosando

 

 

En efecto, si un responsable político, en un ataque de sentido común, contestara que, sobre tal o cual problema, “está meditando una solución adecuada” lo tomarían por un incapaz, un chalado o un falso. La aparente solución a esto consiste en la generalización de ese ritual majadero llamado “rueda de prensa sin preguntas” al que, inexplicablemente, los profesionales se han avenido de manera vergonzosa.

 

Víctimas de ese estado general de la cultura política, los dirigentes del Partido Socialista Obrero Español, antes de que por un momento alguien pudiera pensar que, también ellos, estaban un tanto estupefactos con las cosas que ocurrían (cuando lo cierto es que, más que estupefactos, están sencillamente aterrorizados) han convertido a esta centenaria organización en una revolucionaria máquina de parir soluciones. En este furor solucionero, lo de menos ha sido meditar larga, humilde, inteligente y sinceramente  sobre los problemas.

Alguien ha dicho, al parecer, que una organización política que piensa, que reflexiona, es como un cangrejo que muda el caparazón: algo extraordinariamente vulnerable, razón por la que hay que meditar lo mínimo y a toda velocidad y si es posible (y siempre suele serlo) tener de antemano preparadas las respuestas adecuadas para el escenario de la fanfarria final del breve proceso introspectivo: las caras, las parrafadas, las novedades, los aplausos, la música y el confeti.

Como en la fábula de Samaniego, “Dijo la zorra al busto, después de olerlo: Tu cabeza es hermosa, pero sin seso”, lo que importa es aparentar unidad, disciplina, obediencia, eficacia. En fin, ese sueño totalitario que anida en alguna recóndita región del cerebro humano y que tanto nos gusta.

desfile corea

El orden cerrado de un desfile de tropas; la simetría de las estelas coloreadas de los aviones que dibujan en el cielo azul, a precio de oro, la enseña patria; la escenografía de las masas militantes emocionadas rebosando una plaza de toros; los himnos apoteósicos… “Ite, misa est” y salimos a tomar el vermú sintiendo que somos mejores, más fuertes, más convincentes, por la sola razón de que acabamos de aplaudir a rabiar y durante un rato nos hemos sentido embriagados por el licor de la identidad colectiva.

Estas soluciones que se plantean adornadas de capacidades verdaderamente taumatúrgicas, no suelen tener la más mínima conexión con la realidad,  por lo que no cabe esperar de ellas una mínima eficacia. A cambio, suelen ser inmediatas, novedosas, difíciles de entender (algo que el público disimulará rotundamente, lo que dificultará endiabladamente su debate) y llamativas. Es la magia de la voluntad. Como el “arma secreta” con que los nazis insuflaban ilusorias esperanzas al pueblo alemán cuando los rusos se encontraban a las puertas de Berlín.

Pongamos, por ejemplo, el sorprendente caso de “las primarias”.

El PSOE sufre, con razón, la crítica de haber traicionado la defensa de los ideales y de los intereses de las clases trabajadoras. Esto es algo predicable, por cierto, de toda la socialdemocracia europea que, ante la avalancha neoliberal, opta por “terceras vías” o directamente por una presunta eficacia modernizadora y apolítica. Una de las primeras importaciones de “todo a cien” de origen chino, por cierto, la del famoso gato de Deng Xiaoping cuyo color era indiferente, siempre que cazara ratones.

La cuestión era que los dirigentes socialistas no tenían lo suficientemente claro cuáles eran los ratones que debía cazar el gato. No sabíamos, al parecer, si el objetivo era una sociedad más justa o una sociedad desregularizada, así que el gato socialdemócrata, entre mohines de ficticio disgusto, comenzó a cazar el desmantelamiento del Estado de Bienestar al dictado de los más ilustres “think –tanks” capitalistas. A cambio, la dirigencia socialista recibe las palmaditas en la espalda de todo un sistema empresarial y financiero que les abre sus salones y sus consejos de administración, les ríe las gracias y les corrompe todo lo que puede.

Por cierto que, al día de hoy, desarmados de toda ideología y de casi toda la decencia, algunos dirigentes socialistas europeos, como el rutilante Manuel Valls, vuelven a proclamar que la izquierda debe ser pragmática, reformista y republicana, al parecer, no es necesario que sea “socialista”.

El Partido hubiera podido analizar la desafección de los electores simplemente preguntando. En vez de hacerlo, alguien decidió que el problema no estaba en la estrategia, el discurso ni la praxis política que llevábamos a cabo, sino en que el Partido no conectaba con la sociedad por razones demográficas, generacionales o personales y que, por tanto, la solución consistía en hacer algo muy novedoso y exótico: Primarias.

Poco importa que, como se ha explicado hasta la saciedad, la importación de un mecanismo de selección de candidatos mediante primarias en un sistema de partidos de rígida estructura interna y militancia permanente como los partidos socialdemócratas continentales, a diferencia de los partidos “latentes” americanos, resulta completamente disfuncional sin ser por ello más, ni menos, democrático que un procedimiento congresual.

Que, de hecho, a la gente lo que le importa (si es que todavía le importa algo) es lo que el PSOE diga y lo que el PSOE haga allá donde le corresponda y que a nadie, salvo a los personalmente concernidos y a los periodistas ávidos de material con el que rellenar sus crónicas, les lleva un ardite si el candidato, o candidata, socialista aquí o allá es Pepe, o Juana.

Más aún. Conscientes de todo ello, desde la propia estructura del partido, una vez verificadas las grandilocuentes declaraciones, se trabaja con la boca pequeña para que los candidatos en liza sean los previamente decididos y que, por tanto, las primarias resulten innecesarias (por redundantes) o cosméticas, pues… ¿De qué sirven semejantes procedimientos salvo para abrir, o enconar, frentes de batalla internos, si no cambian las propuestas políticas?

En el colmo de los colmos, se postula como el máximo paradigma democrático la participación en esas primarias, no sólo de los propios socios del club (los afiliados) sino de todo el que quiera, con lo que el valor de la participación orgánica, ya suficientemente ninguneado, se disuelve a niveles auténticamente homeopáticos.

Como resulta evidente, en semejantes condiciones de disipación de los procedimientos de elaboración de élites políticas, resultarán elegidos los candidatos apoyados (ahora de manera solapada y vergonzante) por los aparatos internos o, por el contrario, los que, por unas u otras razones, hayan podido llegar a “hacerse famosos” fuera. Significativamente por algo tan democrático y meritorio como “salir en la tele”. Con razón el líder de Podemos reclama para sí, en un arranque de sinceridad, “un programa de televisión propio”.

4 respuestas a LAS GRANDES SOLUCIONES (I)

  1. Juan Luque dice:

    Pues…leyendo, leyendo me he quedado como en las telenovelas con ganas del próximo capítulo, que creo que acabarán siendo muchos, si se ocupan con semejante análisis detenido y cabal de radiografiar la política de nuestro país (que es lo interesante, más que lo que sucede al protagonista principal (PSOE))

  2. Luis Almansa Rubio dice:

    Estupendo artículo. Totalmente de acuerdo con relación a las primarias. También me quedo con ganas del próximo capítulo.

  3. Estupendo artículo. Totalmente de acuerdo con relación a lo de aparentar unidad, disciplina, obediencia, eficacia.
    También me quedo con ganas del próximo capítulo.

  4. No seré yo menos… Ansío ya nuevas reflexiones. Sabes que la práctica desordenada del periodismo (o algo parecido, en mi caso) acaba con la paciencia y el temple de cualquier humano. Un abrazo.

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