LOS FALSOS DIOSES

becerro de oro

 

 

Dijo Jehová (Jueces 10: 14)
“Andad y clamad a los dioses que habéis elegido; que ellos os libren en el tiempo de vuestra aflicción”

 

 

Algo más sobre el asunto de los “políticos profesionales” y todo eso…

¿No será que cuando la gente habla despectivamente de los políticos profesionales está practicando sin tomar conciencia de ello, la figura retórica de la ironía, “strictu sensu”.O sea, decir exactamente lo contrario de lo que se quiere expresar?

En realidad se cataloga despectivamente como “político profesional” a la persona que, realmente, no acredita una ejecutoria profesional, en el sentido que del término ofrece el Diccionario de la RAE en su quinta acepción como “persona que ejerce su profesión con relevante capacidad y aplicación”, o sea, al inútil y chapucero.

Determinar, si no con exactitud, sí con cierto ajuste cuáles son esos cometidos que definirían el trabajo de los políticos no es tarea sencilla, aunque procuraremos algún acercamiento descriptivo en otro post.

Tampoco deberíamos simplificar el análisis con la simple observación del estado de ánimo derivado de la crisis. Tiene razón el viejo refrán español que agudamente señala que “donde no hay harina, todo es mohína”, pero no lo explica todo.

Cuando las cosas van bien, la ciudadanía, sin duda, se siente menos agitada y el subsistema político-institucional parece que sestea dedicado a la simple administración de las cosas. No se manifiestan grandes conflictos, no exigimos gran cosa de los políticos. Incluso, lo que se pretende es que no causen demasiados problemas en el positivo fluir de los mercados y que, en todo caso, favorezcan con sus decisiones los intereses dominantes.

En las épocas de abundancia, como resulta evidente, los conflictos sociales derivados del funcionamiento de la economía, los conflictos laborales significativamente, languidecen y nadie parece necesitar de sindicalistas valientes ni de políticos inteligentes, imaginativos o competentes.

Ni siquiera es preciso que sean demasiado honrados. Como se ha demostrado en variadas ocasiones, en determinadas circunstancias, un poco de corrupción (ni demasiado extendida, ni de gran profundidad) “lubrica” los engranajes de la maquinaria industrial-comercial de manera positiva.

La tremenda crisis económica que vivimos lo que ha hecho es poner a prueba la capacidad de cada sistema político para encararla, para ofrecer soluciones desde las herramientas del poder institucional y lo que nos encontramos es que, durante largos decenios, la ideología neoliberal ha ido inoculándose en toda Europa en forma de saber convencional, tanto en relación a la ciencia económica como a la de la administración. Los expertos que trabajaban para los partidos de izquierda pertenecían a las mismas escuelas y compartían los mismos dogmas que los expertos que trabajaban para la derecha…¿Qué cabía esperar?

Resultó así que cuando la ciudadanía reclamó una actuación de sus poderes públicos, de tales poderes no quedaba sino una carcasa hueca, hecha de galimatías jurídicos incomprensibles. Que, en realidad, el poder de los estados había sido transferido, con la aquiescencia de todo el espectro político europeo (socialdemócratas incluidos) hacia la esfera autoregulatoria de los propios mercados. Todo ello en aras de una hipotética (pero aceptada dogmáticamente) superior eficiencia de los mismos, mediante la entronización de una multiplicidad de “reguladores independientes”… ¿Independientes de quién?

La consigna era, conviene recordarlo ahora, que los políticos “sacaran sus sucias manos de… esto, lo otro y lo de más allá”… que no se cobrasen impuestos y que lo público se retirase del escenario social, foro donde triunfaba indiscutiblemente una economía capitalista que acababa de demostrar su absoluta superioridad técnica y moral quebrando el espinazo del viejo sistema totalitario comunista.

Durante esos años de vacas gordas, buena parte de ellos gobernados por la socialdemocracia en toda Europa y singularmente por el PSOE en España, se ha ejecutado este proceso de desregulación y de desarme del Estado frente a los mercados, fundamentalmente, frente a los mercados ciber- financieros y poca resistencia y sobre todo, poca alternativa, se ha llevado al foro político por parte de nadie (ni de la casta política, ni de la casta intelectual, ni de ninguna otra élite social).

Cuando la fiesta terminó abruptamente, la gente volvió sus ojos a la política, como según el relato bíblico (Jueces 10:10) solía hacer regularmente el Pueblo de Israel después de sus cotidianas correrías teológicas… “Entonces los hijos de Israel clamaron a Jehová, diciendo: Nosotros hemos pecado contra ti; porque hemos dejado a nuestro Dios, y servido a los baales”.

El asunto es que, en nuestro caso, los sistemas políticos nacionales (que son los ámbitos donde se ejercita, aún hoy en día, la representación política) habían abandonado buena parte de sus herramientas para hacer política, abdicado de su poder y de su soberanía jurídica a favor de instancias no representativas de los ciudadanos, ni nacionales, ni europeos en su conjunto. A favor de instancias extrapolíticas pero sumamente permeables a los intereses de los mercados financieros y, por si quedaba algún resquicio de poder autónomo, éste era aplastado por el dictado de Alemania, epítome de toda la ortodoxia económica, de aplicación a terceros, naturalmente.

Resulta, por tanto, injusto tachar a los políticos del 2009 de incapaces cuando se lleva desde los años 80 del pasado siglo desmantelando el arsenal jurídico e institucional del que podrían disponer para hacer algo con lo que enfrentar la crisis económica generada, no lo olvidemos, en el corazón de los mercados financieros desregulados.

Cosa distinta (y digna de poner el grito en el cielo) es analizar qué han hecho con ese poder, mucho o poco, que les quedaba. Pero eso, mejor lo dejamos para otro post.

Ahora bien, fuese, o no fuese, tan difícil combatir desde la política con espíritu pedagógico, paciencia de Job y una osadía digna de Cascorro, contra la ola neoliberal que todo lo impregnaba, nadie obligaba a los políticos de esas épocas doradas a atribuirse como méritos propios los fenómenos inherentes al crecimiento desmesurado de la demanda, con todas sus positivas consecuencias.

Se hablaba de la creación de empleo como si realmente se tratara de una creación demiúrgica llevada a cabo por quien fuese que daba la correspondiente rueda de prensa. Oíamos así atribuirse la mejora de tales o cuales indicadores económicos a concejales, presidentes de diputación o ministros. Desde luego, poca o ninguna relación de causa a efecto podría establecerse entre las labores concretas llevadas a cabo por el político de turno y esos resultados positivos, pero daba igual. Nadie preguntaba y los verdaderamente poderosos, los mercados financieros, dejaban el campo libre de la efímera vanidad siempre y cuando la zapa inmisericorde del castillo político siguiera su marcha imparable. Y siguió.

En resumidas cuentas. El sistema institucional, actuando con una enorme vanidad, pareja a su estulticia y falsedad, se atribuyó durante años los éxitos que no le correspondían. Como probablemente ocurría en la prehistoria, diferentes gurús, hechiceros, adivinos y sacerdotes se atribuían ante el pueblo las lluvias propicias, el éxito en la caza o las buenas cosechas. Como es de imaginar, cuando venían mal dadas, los sacrificios humanos estaban a la orden del día. “Este adivino se ha equivocado, no funciona. Al parecer, ha perdido la confianza de nuestro Dios… Eso será, seguramente, porque ha pecado… hay que calmar la ira del Dios… démosle matarile al hechicero” … ¡justicia poética!

Ante esta crisis de dimensiones planetarias, la “casta política”, como despectivamente se la denomina, una élite de dimensión nacional en el mejor de los casos, se ha encontrado sin la posibilidad de desarrollar una política monetaria (en manos del Banco Central Europeo… a su vez en manos de otros bancos) ni una política fiscal (ingresos y gastos) sometidos a una absurda disciplina presupuestaria impuesta por la derecha alemana y… ¡Asombrémonos!…por las mismas empresas de calificación crediticia que habían alimentado con sus mentiras la burbuja especulativa causante de la crisis.

En esas condiciones, cautivos y desarmados, los políticos en ejercicio han ido quedando, unos tras otros, como perfectos idiotas. Tal vez lo sean, pero ni el mismísimo Franklin Delano Roosvelt; ni Winston Churchill; ni el recordado Jesús Gil y Gil, por mencionar un genio patrio, hubieran podido hacer mucho más. Las cosas como son.

Aunque… tal vez hay algo que sí podían haber hecho, que pueden aún y no lo hacen: Denunciarlo. Proclamar su desacuerdo. Romper los convencionalismos y arrostrar las consecuencias. No plegarse, no rendirse. Tener menos miedo y más dignidad.

 

4 respuestas a LOS FALSOS DIOSES

  1. Juan Luque dice:

    Rafae, te has superado. Y si probasemos a que los políticos tuvieran las mismas retribuciones que en sus profesiones de origen. A ver si así se fomenta el “espíritu de servicio” que debe ser la motivación de la tarea pública.

  2. Santiago Barbaran dice:

    Estimado Rafael, estoy haciendo una maestría en derecho administrativo. Lei un articulo suyo muy interesamte sobre estrategia de las inversiones en las administraciones. Sobre la financiación privada de infraestructura. Me pareció excelente.
    Le dejo mi correo para seguir en contacto.

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