APOCALYPSE TOMORROW

 

niño hambriento- buitre

 

 

 

 

 

 

 

 

Hay cuestiones, generalmente referidas a un porvenir desolador, que aparecen de manera recurrente en los medios de comunicación. Aunque no suela reconocerse, lo que el impacto mediático busca es que la audiencia vaya “tomando nota” para el futuro.

¿Por qué saltan estos temas sin que ocurra nada en el presente que lo justifique?

Lo habitual es que los medios se hagan eco de determinados análisis estadísticos. Cabría entonces preguntarse la razón por la que alguien promueve, es decir, financia, tales estudios y en consecuencia, podríamos preguntarnos si esa promoción no alcanzará también a los agentes que la siembran en la conciencia ciudadana y poco a poco, en la agenda política.

Uno de estos casos es la conocida profecía catastrofista sobre el envejecimiento de la población, incluso sobre su desaparición. Copio literalmente el titular, de página completa, de un diario vasco de gran tirada, fechado el tres de Setiembre:

 

“Apocalipsis en Japón y Corea del Sur”

 

Cuyo subtitular añadía:

“los habitantes de los dos países asiáticos se extinguirán en menos de mil años por la imparable caída de la natalidad”.

 

Es difícil resistirse a la lectura del resto, como comprenderán… ¡Profecías a mil años vista!

El propio autor advierte el posible espanto del lector y procede a legitimar titular y contenido aseverando que proviene de un “informe científico”.

Por cierto, resulta sugestivo el hecho de que ese mismo día, la misma noticia, el mismo análisis, los mismos datos “científicos” a más de siete siglos vista, aparezcan en diarios de todo el mundo, como el Washington Post o el Telegraph. Se trata, al parecer, de ciencia global e instantánea.

Pero escarbemos un poco…Para comenzar, el referido informe ha sido emitido por el “Servicio de Investigación de la Asamblea Nacional de Corea del Sur”, es decir, del Parlamento de Corea, que ha realizado esta proyección demográfica a petición del diputado Yang Se-ung-jo. Aprovecho la ocasión para felicitar al político por conseguir, desde su simple escaño, que los servicios parlamentarios se hayan tomado semejantes molestias demoscópicas. Imagino la envidia que sentirán muchos de nuestros representantes cuando soliciten, en el ejercicio de sus funciones, datos o informaciones de la Administración.

Lo cierto es que, más allá de lo anecdótico de estos casos asiáticos, el argumento suele reiterarse machaconamente en relación a casi todos los países del llamado “Primer mundo”, o sea, el nuestro. Y con especial insistencia en lo relativo a Euskadi.

225px-Growthbydevelopedvslessdeveloped

 

 

 

 

 

Pues bien. Creo que, salvo para la confección de estudios parciales y específicos (que deberían anunciarse como tales desde la primera página) la población solamente puede ser considerada en términos de “Humanidad” y se da el caso de que esta magnitud, la Humanidad, no solamente no decrece, sino que crece rápidamente y crece, como era de suponer, entre los más pobres de la tierra.

Pobres frente a los que las naciones ricas establecen todo tipo de barreras. Algunas tan crueles y eficaces como las que han convertido el Mediterráneo en una inmensa fosa común, en un holocausto silencioso.

¿En qué cabeza cabe augurar que en el año tal, o cual, va a nacer “el último habitante de Seúl” (sic.)… O de Gernika, que tanto da?

Si nuestras sociedades fuesen capaces de producir bienes y servicios en cantidad suficiente, no deberíamos tener la más mínima preocupación. A las puertas de Occidente y del Oriente rico, desde la valla del Río Grande entre los Estados Unidos y México hasta la de Melilla, o el paralelo 38 entre las dos Coreas, una humanidad hambrienta pugna por pasar a formar parte de nuestras estadísticas. Millones de seres como nosotros están dispuestos a morir por ser libres, por tener un trabajo, por comer y reproducirse, naturalmente… por vivir como seres humanos. Si lo hicieran, automáticamente mejorarían todos los indicadores demoscópicos. ¿Con qué datos de partida se hacen, entonces, semejantes proyecciones “científicas”?

Así pues, el “ejército de reserva” de personas jóvenes y fértiles de que disponemos es prácticamente inagotable. ¿Dónde está el problema?… ¿Qué puede preocuparnos?

El problema, como es fácil de comprender, no está en lo que estas reiterativas y falsas profecías anuncian, sino en lo que sugieren.

La jugada consiste en amedrentar lo suficiente a los habitantes bien instalados del aquí y del ahora como para que acepten la idea de que su futuro, su futuro personal, no “el futuro”, depende de su codiciosa previsión financiera y de sus seguros privados. No, desde luego, de una Seguridad Social que, según la generalizada profecía, no podrá soportar la carga de sus pensiones.

Y se trata, por descontado, de que no consideren ni por un momento la posibilidad de que los vascos, o los japoneses, del futuro (nuestros nietos) sean, sencillamente, de otro color de piel.

En definitiva, que todos estos análisis no contienen sino un mensaje subliminal indecentemente racista y de una cobardía personal y política pordiosera orientada a la mayor gloria de la banca y de las aseguradoras.

Y sin embargo, cuelan. Será, pues, que es lo que nos gusta y lo que merecemos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: