España se ha roto

El conocido banquero Emilio Botín ha declarado con firmeza en fechas recientes que “ España está en un momento magnífico” porque, según él, “están haciendo cosas fantásticas y está llegando cantidad de inversión para la bolsa y  para la deuda”, razón por la que, él mismo, “está encantado”.

Emilio Botín Sanz de Sautuola y García de los Ríos, presidente del Banco Santander, tiene la máxima de que “hay que devorar antes de que te devoren”. No está mal para un escualo de las finanzas. Su padre (Emilio II) un aristócrata a la antigua usanza, es autor de la célebre frase: “ricos, lo que se dice ricos, somos muy pocos”. El iniciador de la saga fue su bisabuelo Marcelino Sanz de Sautuola. Emilio Botín, por tanto, sabe “genéticamente” de lo que habla.

Porque si no, estas afirmaciones podrían parecernos uno de los más perfectos ejemplos de indecencia política, social y personal… o sencillamente, de paranoia delirante. ¿Ante qué nos encontramos?

Don Emilio Botín ha podido, tal vez, volverse loco. Le puede ocurrir a cualquiera. Sin embargo, parece que no es el caso. De cualquier forma, loco o no, lo cierto es que sus palabras han sido celebradas con inusual consenso por parte de todo el sistema político-mediático, comenzando por el actual Ministro de Economía del Reino de España, quien tuvo el privilegio de escuchar semejante afirmación en vivo y en directo y que no dudó en ratificar tan extraordinario diagnóstico y terminando por prácticamente todos los medios de comunicación. Claro que, hemos de suponer, De Guindos creía oír hablar de sí mismo cuando escuchaba eso de “se están haciendo cosas fantásticas”. ¡Qué bonito tiene que resultar, qué dulce para los oídos, hartos de pitos y perroflautas, recibir esos halagos de los poderosos!… “se están haciendo cosas fantásticas”… Verdaderos milagros, sí señor, no le quepa duda a usted, ni a usted, ni a su colega Montoro, ni a la señora Mato, ni al inefable Wert, etc.!

Pero, seamos realistas. Ni el señor Botín se ha trastornado, ni siente una especial estima por las virtudes taumatúrgicas de Luis de Guindos y compañía. Emilio Botín dice con transparente claridad lo que piensa y lo que sabe.

Lo que sabe es que, en efecto, el dinero fluye allá donde se remunera el dinero y en estos, para nosotros, desgraciados momentos, el dinero se remunera en España espléndidamente.

En efecto, en España estamos asistiendo a una reacción en cadena, similar a la fisión nuclear, de recapitalización bancaria a cuenta del erario común y de los pobres. Utilizando a las instituciones rectoras de la economía y a las, dignas de investigación policial, empresas de calificación crediticia como precursores del proceso, la remuneración del dinero destinado al saneamiento de las entidades financieras ha alcanzado tales niveles que prácticamente a nadie en el mundo (a nadie con dinero, se entiende) le merece nada más la pena que invertir en deuda española o directamente, en la banca. Desde luego, no en construcción, industria, comercio, servicios u otras ramas de la economía productiva, no. Dinero para la banca y para el Gobierno que paga a la banca. De modo que don Emilio sabe de lo que habla. Si algo parece que le ha fallado es ese exceso de sincero desparpajo que pone de manifiesto que, para él, España no existe.

Ya dice el Evangelio que  “de lo que abunda en el corazón habla la boca”( Lucas 6:45) Y Botín no dice sino lo que siente: Que ¡España va bien!

¿Es esto compatible con la evidente situación de tantísimos españoles arrojados a la pobreza y la desesperación? ¡Naturalmente que no! La sutil diferencia es que el término España, eso que suponíamos que era una Nación y que, para ser más exactos, se había constituido en 1978 como un “Estado Social y Democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.” (Art. 1,1 de la Constitución Española) es una pura filfa. Ha saltado por los aires.

España, señores, se ha roto. Y se ha roto, no por donde tanta importancia y tantos ríos de tinta se vierten al mar de las palabrerías vanas. España se ha roto por las costuras de la solidaridad que convierte la tribu feroz y competitiva en una sociedad política digna de tal nombre. Así es y Don Emilio lo sabe… como lo sabemos todos. Y Don Emilio lo dice… al revés que todos. Y Don Emilio añade, con sincera crueldad, que “está encantado”. Los demás le ríen la gracia.

Una respuesta a España se ha roto

  1. J.A. Calvo dice:

    Mira que no compartir la sensibilidad y perspicacia de un “mago” que ha conseguido sucesivamente eludir los asuntos fiscales que revelaban sus “limitadas” declaraciones de renta y patrimonio, la opacidad de los productos financieros comercializados a clientes del banco de alto nivel durante años, el desacierto y pérdida multimillonaria por sus apuestas electrónicas de hace tiempo (oscurecidas por una clase periodística presta a callar sobre todo lo que pueda servir para mantenerlo como anunciante), la insensatez de construitr bancos con una “sólida presencia” de fondos propios que no llegaba al 3% del total del balance ( lo que ha llevado a tener que apocar entre todos para cubrir esa insuficiencia cuando “han venido mal dadas”), su capacidad para animar a cobrar los dividendos en acciones, mientras él se lo cobraba en efectivo (ejemplo de que “lo que haga la mano derecha, que no se entere la izquierda”), etc…

    No puedo comprender esa falta de sintonía con un ganador nato….Estos intelectuales….;)

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