NI LA CRISIS, NI BRUSELAS, NI EL MURO DE BERLÍN

Han sido tantos los analistas políticos que han demostrado que el descalabro electoral socialista, aún teniendo que ver ¡Y mucho! con la crisis económica que vivimos no se explica como una simple consecuencia directa de la misma que voy a omitir entrar en el asunto por razones de espacio.
El caso es que voy viendo en bastantes trabajos cómo sus autores, intentando analizar más allá del discurso repetido y facilón de “la Crisis” como origen de nuestros males políticos actuales, terminan yéndose nada menos que al declive universal de la Socialdemocracia, a la caída del Muro de Berlín, a la pérdida de referencias, etc. Y es bien cierto, también, todo lo que dicen. Lo que pasa es que el “Telón de Acero” cayó en un ya lejano 9 de Noviembre de 1989 y desde entonces el PSOE ha conocido momentos harto mejores que los actuales.
De todas maneras, una y otra líneas argumentales no dejan de representar la misma idea escapista, lenitiva pero no curativa. En un caso, el PSOE resulta víctima de un cataclismo económico, de una “fuerza mayor” que arrasa con todos los gobiernos que pilla en su camino: ¡Mala suerte! En el otro, la cuestión alcanza tal envergadura, tal grado de complejidad y de profundidad intelectual, tal extensión (por lo menos Europa) que también queda fuera de nuestro alcance.
De esta forma omitimos la rendición de cuentas, el análisis de resultados del PSOE presente y real. Si es caso, como está ocurriendo, nos lanzamos a un vuelo gallináceo limitado a la cuestión de la búsqueda de un nuevo timonel que reajuste los equilibrios entre distintas facciones pseudoideológicas o territoriales. Pero un nuevo timonel… ¿Para qué?
Yo creo, con absoluto respeto para todos mis compañeros, que podemos fijar el ocular mucho más cerca y encontraremos una gran parte de las causas de nuestra derrota en el PSOE realmente existente, aquí y ahora. En el PSOE que ha gobernado España en los últimos años. Sin ir más lejos. Causas elementales y contundentes. Los motivos por los que el elector simple y sencillo deja de votarnos.
Para empezar, me referiré al Partido como organización.
Maravilla cuando se oyen frases tan hermosas como esa de “Hay que abrir el Partido a la Sociedad”… Yo me daría con un canto en los dientes con que el Partido se abriera a sus propios afiliados. No pretendo hacer juegos de palabras.
El Partido Socialista ha sido (¿es?) el reino de la Omertá. Nunca fue más cierta la advertencia socarrona de Alfonso Guerra de que “el que se mueve no sale en la foto” que tras su propia defenestración.
El PSOE ha profesionalizado, en el peor de los sentidos, la actividad política interna. De hecho, la actividad política interna (a partir de las Agrupaciones Locales) y la actividad institucional se han solapado de tal manera que discrepar, de lo que sea, es discutir el liderazgo y discutir el liderazgo, es discutir el cargo público y discutir el cargo público es, ni más ni menos, que discutir el “modus vivendi” de alguien y… ¡Hasta ahí podíamos llegar!
El PSOE se vacía en la labor institucional, algo que pudo explicarse en la “explosión” representativa de 1982 pero que en los últimos años se manifiesta como una lucha entre familias que ven mermar las posibilidades de ocupación pública de sus miembros.
En teoría, no habría nada que reprochar a la profesionalización de la actividad política. Esta es otra de esas inmensas cuestiones cuyo análisis daría para libros enteros. Aceptemos, entonces, simplemente que la persona elegida democráticamente en el seno de la organización para ejercer el liderazgo en un determinado nivel, puede estar capacitada para la ocupación de un cargo público cuya provisión dependa de ese nivel político, o no.
La elección interna otorga indudablemente una legitimidad política al elegido, pero… ¿Es condición suficiente para que esa persona opte forzosamente y en virtud de ese liderazgo, al ejercicio de las funciones públicas?
Desde un punto de vista estatutario, desde luego.
El líder puede, en virtud de su poder interno, copar para sí y los suyos, las listas “cerradas y bloqueadas” que habrán de ser votadas por sus seguidores de manera acrítica. Esas mismas listas cerradas y bloqueadas serán después ofrecidas como lentejas al electorado para que, si quiere, las coma y si no, las deje.

Aún a pesar de lo pernicioso del sistema, desde el Partido se sabe (y de ello se abusa) que la cultura política del elector socialdemócrata español, por lo menos hasta ahora (hijos, como somos, de la Transición) impregna el voto de un enorme sentido del deber cívico así que, chantajeado por sus propias convicciones, el elector socialista, entre comer o dejar, comía lo que el PSOE le pusiera por delante.
Que los demás hicieran tres cuartos de lo mismo es irrelevante a los efectos de este análisis. Además, está por ver que así ocurriera.

Por ejemplo, el Partido Nacionalista vasco, además de una diferente ideología que la nuestra. Una ideología, como todas las nacionalistas, sencilla, demagógica y de fácil calado social, articula, por lo menos en principio, una suerte de “doble escala” para la construcción de sus élites políticas.
De un lado, mantiene una poderosa estructura interna que comienza en el más pequeño “batzoki” y culmina en el “Euskadi Buru Batzar”. En torno a esta estructura interna se organiza la vida del partido. Las actividades de emisión y captación de opinión, propaganda, debate, estrategia, etc. y por descontado, desde esta estructura interna se emiten las directrices políticas que los cargos públicos deben ejecutar, así como se reciben sus explicaciones y razonamientos. Está muy claro quienes mandan: los de “dentro”. Los cargos públicos son servidores, ejecutores de esas políticas.
¿Qué aporta esa doble escala?
Para comenzar, permite que cualquier afiliado, con relativa independencia respecto de su grado de formación profesional, intelectual o política, bastando su sentido común y sus principios ideológicos, pueda ocupar un rol activo y esencialmente político (no auxiliar) en la organización. No se trata de “ensobrar papeletas” sino de hacer política “amateur” desde las Agrupaciones (en este caso, los “batzokis”) que es donde se captan las necesidades de los ciudadanos realmente existentes y desde donde se moviliza a los simpatizantes, etc.
Para los cargos internos que exijan una especial dedicación se procede a una ”liberación” a cargo del propio partido o se le busca un adecuada colocación allá donde se tengan las necesarias influencias, pero no se le pone al frente de una instancia pública (o no por semejante motivo).
Este sistema ha permitido que muchos técnicos, funcionarios, profesionales, etc. que jamás hubieran dedicado una significativa parte de su escaso tiempo de ocio a la actividad política directa pero que simpatizaban lo suficiente con el movimiento nacionalista, hayan podido encuadrarse, con distintos grados de profesionalización, a lo largo y ancho de todo el sector público sin padecer por ello la carga de un excesivo compromiso de “dedicación a la militancia”.
En nuestro partido, para poder hacer algo en el Sector Público, tienes que dedicarte al mismo tiempo a obtener y mantener un poder interno suficiente y cumplir, después, una labor institucional que te “pague las facturas”. Una de las dos cosas la harás mal. ¡O las dos!

En resumidas cuentas. Cuando se oye decir, como ha sucedido tan intensamente en los últimos meses, que es necesario “sacar a los políticos de las instituciones y llevar a ellas a tecnócratas”, más allá de la demagogia neoliberal escasamente disimulada, se está poniendo el dedo en la llaga de que, si se quiere hacer una política de calidad que satisfaga al electorado, sobre todo al joven, preparado y crítico nuevo electorado, habrá que pensar en añadir a la simple legitimidad derivada del control territorial de la estructura del PSOE, algún que otro elemento de calidad en orden a la Gestión de la Cosa Pública.
No todo líder local tiene que ser un buen Alcalde y así sucesivamente, desde los cargos institucionales directamente representativos hasta los puestos directivos y de gestión de la multitud de organismos y agencias públicas en diferentes grados.
Si bastara el poder interno para obtener y ejercer todo el poder institucional, seguramente Nápoles estaría gobernado por la Camorra, lo que no sucede (por lo menos, no oficialmente).
En relación con este problema, el de la escasa capacitación técnica, específica para la gestión pública de la moderna Administración, de los cuadros políticos generados en el PSOE se encuentran otros que, si no ofrecen una “explicación” totalizadora de lo ocurrido, si ofrecen “notas”… “indicadores” de todo ello.
Para empezar, diremos que el cuadro político que accede sin la suficiente preparación a un cargo o a un cometido público de gestión, es un dirigente inseguro.
Esta inseguridad es percibida por todos los que están a su alrededor, no vayamos a creer lo contrario. Lo que ocurre es que el entorno del gestor inseguro pondrá de inmediato en marcha los procedimientos de “captura” del decisor a favor de sus intereses. Esto es algo viejo como las gorras de cuadros.
La captura del decisor se lleva a cabo por todos los “lobbys” que se encuentran alrededor. El primero, inmediato, es el formado por el resto de cargos, tan inseguros como él y que dependan del mismo: sus subordinados. Entre éstos y aquél se producirá el conocido efecto de la Corte del Rey Desnudo. Le dirán lo que quiere oír para granjearse su favor. Hay multitud de monografías sobre Pensamiento Grupal; Espiral de Ssilencio, etc. como para extenderme más en este momento.

El segundo “lobby” en proximidad al decisor, es el propio funcionariado. El funcionariado ofrece al decisor poco preparado una seguridad y una competencia técnica aparentemente irreprochables. En principio, carece de ideología, imaginación y de interés ninguno, por lo que puede crear una perfecta apariencia de “buen Gobierno” y sobre todo, tranquiliza desde el punto de vista legal.
El problema (uno de los problemas) es que el funcionario puede tomar, o preparar, decisiones sin que sobre él recaiga la responsabilidad política (y rarísimamente, ninguna otra) de lo adoptado. En último término, seguro que alguien ha firmado confiadamente unos papeles entre un montón más.
Cada vez que pienso en el vehículo blindado del Presidente de Castilla La Mancha (377.749€) estoy más convencido de que “alguien” (que manejaba el presupuesto) y al que, seguramente, le gustaban los coches-no introduzco en el caso ningún factor ilegal, ello nos llevaría por derroteros que necesitan un análisis propio -preparó el contrato y que “otro” al que le interesaba halagar a Barrera se lo puso bajo las narices, etc. … Nadie valoró lo escandaloso de semejante derroche y finalmente, un decisor “capturado” lo firmó.
Todo lo que se pueda decir sobre el peligro de captura del decisor por parte del personal administrativo está escrito en los libros de Anthony Hall, guionista de la deliciosa serie británica “Sí, Ministro”, que recomiendo vivamente.

A partir de ahí, todos los “lobbys” que pululan por los entornos administrativos se dedican a dirigir, en la medida en que pueden, al decisor hacia sus intereses. Sean, como decía, corporativos, empresariales o directamente políticos. En efecto, el decisor que se sabe ocupante de un puesto de responsabilidad pública en función de unos sufragios internos territoriales o grupales, se verá impelido a “favorecer” de una y mil maneras a aquéllos de quien depende.
Tampoco es baladí la captura intelectual. Es decir, no solamente se trata de capturar la voluntad del decisor sino de llenar el hueco de su falta de conocimientos o competencias con las informaciones, ideas y principios que resulten más acordes al “lobby” promotor.
Son los “expertos” una verdadera multitud, por no decir plaga, de expertos que rodean al decisor y le “enseñan” (economía o física cuántica) en “dos tardes”.
Muchos funcionarios y Altos cargos son verdaderamente expertos conocedores sobre aquello en lo que trabajan, en ocasiones desde hace largo tiempo, no cabe duda. En otros casos la tentación del inseguro consiste en “fichar” al experto, más o menos “independiente” que supla sus carencias. El caso es que estos “fichajes” están, por regla general, mucho más atentos a su grupo de origen que comprometidos realmente con la gestión política encomendada.
¿Alguien recuerda, por ejemplo, al señor David Taguas, Director de la Oficina Económica de La Moncloa que dejó el Gobierno para pasar a presidir la Asociación de Empresas de Obras Públicas de Ámbito Nacional (SEOPAN), la patronal de las grandes constructoras, lo que motivó un gran escándalo político?

En cualquier caso, aún en el supuesto de que actúen conforme a su leal saber y entender… Si fichamos a expertos financieros de determinadas Escuelas de Negocio o de determinadas empresas comprometidas con un discurso económico neoliberal… Pues luego no debe extrañarnos que desde las propias instancias públicas se defiendan esos planteamientos.
Por rizar el rizo. El experto independiente, una vez fichado, comienza a sintonizar emocionalmente con su mentor… poco a poco se hace (o “se lo hace”) socialista. Es paseado y presentado en los actos públicos en “loor de multitud”; sale en los medios y habla… y lo que dice resulta ser, de hecho, lo que dice el PSOE.
Es más, el PSOE, el PSOE –Organización, asume como una de sus obligaciones la de “vender” acríticamente como propia y gustosa la gestión del prócer independiente-afín. Como nuestra gestión es buena por paradigama (porque es nuestra y cuando estamos juntos nadie la discute y todos aplaudimos) si la gente no la entiende es porque están poco, o mal, informados.
¿Cuántas veces hemos oído que hacemos las cosas muy bien pero que “tenemos un problema de comunicación?

En el final de esta pesadilla, dado que salen en los medios y que, por lo tanto, adquieren cierta notoriedad, el PSOE decide convertir a los expertos en “las caras” que presentar al electorado.
Se supone que el silogismo es:
Como la gestión es muy buena y
Como la ha hecho este individuo, más o menos conocido…
Si lo ponemos de “cabeza de lista” tendremos un formidable tirón.

Aquí suele haber algo de lucha entre los niveles elaboradores de listas en base al poder territorial o grupal y los poderes institucionales que pretenden colocar a sus “paracaidistas”. Pasa en todos los partidos. En el nuestro nos ahoga, máxime cuando, como ocurre ahora, las posibilidades son menguantes.

Nos movemos, así, entre el “Whisfull Thinking” (pensamos que las cosas son… como queremos que sean) y el “Pensamiento Convencional” (pensamos que las cosas son…como todo el mundo dice que son).
El PSOE, fundamentalmente en materia de política económica (pero no sólo) no ha desarrollado un discurso coherente, ni desde el partido para inspirar la acción de Gobierno ni, mucho menos, desde el Gobierno.
Cuando las cosas iban bien (o lo parecía) nuestros representantes presentaban eufóricos los datos que los expertos les escribían, adjudicándose los triunfos de unas circunstancias en las que no influían para nada o casi nada y no haciendo caso a los indicadores que demostraban la fragilidad del boom del ladrillo y de la orgía financiera.
Desgraciadamente, es muy difícil renunciar a la vanidad de creer que se hace creer a los demás que es uno quien “maneja los hilos” y de que lo hace como lo hace debido a su inteligencia. …“Así debe ser, se piensa… ¡Cuando todo el mundo -que me rodea- me aplaude!”
Cuando las cosas se tuercen viene la estampida de los expertos y el correr sin rumbo del político buscando una explicación.

Nuestro electorado tradicional, ese que se ha indignado con nosotros en tan gran medida que ha votado otras opciones, se va por la enorme disonancia cognitiva entre lo que se suponía que era nuestro discurso (y que sigue siendo el suyo) y las cosas que hemos hecho (discurso real, administrativo) e incluso dicho (discurso político).

¡No echemos la culpa a la Crisis, ni a Europa, ni a la Internacional Socialista!

Hemos gobernado muchos años y por ejemplo, no hemos corregido el bochornoso sistema fiscal español. Más aún, hemos reído las gracias de los economistas-paracientíficos neoliberales asumiendo como propios, por puro convencionalismo, por inseguridad y escasa preparación, sus postulados.
Hemos desmantelado desde la Administración algo tan público en origen y en esencia como las Cajas de Ahorros a la mayor gloria de los bancos, etc. Otro tanto podemos decir desde el Plan Hidrológico a la energía, el diseño de las infraestructuras, etc.

En algunos casos el modelo de los Lobbys han trascendido y se han llegado a convertir en verdaderos ejes de la política del PSOE en tiempos de J.L.Rodríguez Zapatero.
En tiempos de Felipe González el PSOE planteó como eje político estratégico el de la “Modernización” de España. Algo que, al fin y al cabo, no dejaba de representar una primera “descafeinización” del discurso socialdemócrata (del Marxismo, ni hablamos y hacemos bien). En realidad no hacía falta ser socialista para estar a favor de la “modernización”, bastaba con ser “moderno”, planteamiento compartible por buena parte del arco parlamentario de entonces. Pero España llegó, en efecto, a ser moderna, “modernísima” (recordemos el 92, por ejemplo) y lo de la modernización dejó de constituir un buen banderín de enganche político. Con Zapatero entramos en el mundo de lo “posmoderno”.
También excedería de las pretensiones de estas notas el analizar la propuesta posmoderna de Zapatero. Quiero quedarme con una sola cosa. La nefasta política de “Sectores” que ha sustituido a una más o menos difusa, o “light,” política de “Clases”.
La democracia representativa se minusvalora hasta extremos indecorosos (recordemos la doble legitimidad, política y técnica) para ser suplantada por una suerte de “representación demoscópica” (jóvenes, mujeres, gays, vascoparlantes, gitanos, cristianos, etc.) cada uno con la explicación autorreferencial que convierte su diferencia en una insoportable desigualdad que el Estado debe… respetar, remediar o lo que toque, según el caso.
La política nacional deja de tener vida propia y se convierte en un “Frankenstein” hecho de retales de demandas que esperan mal hilvanadas alguna chispa de discurso que les insufle algo de vida, aunque sea una vida mediocre, vegetativa.
Por si fuera poco (que habría mucho que decir en torno a las diferencias entre “diferencia”-identitaria-y desigualdad-en relación a los recursos y oportunidades-) en estos tiempos y merced a la necesidad de contar con los votos de minorías nacionalistas sobrerrepresentadas, el PSOE ha jugado al juego de los “Sectores-Territorio” como criterio de representación e impulso político.
El PSOE, en cualquier debate político entre identidades o territorios en conflicto debía, sin dudarlo un instante, optar por aquellas alternativas que maximizasen la solidaridad y la igualdad entre las personas -no los territorios- frente a cualquier otro criterio.¿Lo ha hecho?

El PSOE, actuando así, hubiera conseguido satisfacer a unos y disgustar a otros, pero lo hubiera hecho siempre con coherencia. En vez de ello, el PSOE intentó “dar gusto a todos” consiguiendo la defección de los suyos sin alcanzar, jamás, el agradecimiento ni el apoyo de los ajenos. Como no podía ser de otro modo.

Estas cosas han ocurrido sin necesidad de ninguna crisis financiera. No nos las han impuesto desde Bruselas, ni derivan de la caída del Muro de Berlín.
¿Qué reflexión interna vamos a hacer sobre éstas y otras mil cosas del PSOE?… ¿Ver si ponemos a Rubalcaba o a Chacón?
¿Y qué nos hace suponer que a nuestros electores potenciales todo eso les importa un pito?

4 respuestas a NI LA CRISIS, NI BRUSELAS, NI EL MURO DE BERLÍN

  1. Txarlie dice:

    Bravo, Rafa. ¡Brillante!

  2. fernando dice:

    mi comentario no es por este blog, sino por su articulo en el diario el mundo de hoy, 26/01/12. Indignaos luego ….Bien, si lo que vd., dice está al alcance de la administración pertinente (en este caso el tribuinal de cuentas) y no hace nada por exigir una reparción al daño que le esta causando como se llama a eso….Yo, y supongo que el resto de la ciudadanía, estamos cansados de escuchar los despilfarros de nuestros “gobernantes”, diciendo que lo hacen por el bien comun y para el prestigio de las ciudades y autonomias para las que gobiernan, ya sea barcelona, madrid, sevilla, valencia o cualquier pueblucho perdido de la geografía española. No habiendo nadie que pueda poner coto a tanta desvergüenza y despilfarro, ya sea la justicia, los propios dirigentes (capas blancas e intocables. Nunca saben, no conocen).
    Si lo que vd., dice en su artículo es cierto, entonces todo el sacrificio que pide el gobierno, si estos organismos se hubieran puestos las pilas y cumplieran sus funciones de vigilancia y persecucion del delito, no seria necesario. de lo que se deduce que los señores de la poltrona que estan por encima del bien y del mal son tan complices como los corruptos que firman sin conocer lo firmado.
    hay que denunciar y poner en rojo a estos estamentos que viven tan apaciblemente en la dejacion de sus funciones.

    • Como podrá ver, he colgado en el blog el artículo de El Mundo.
      Respecto de sus comentarios, le diré que aunque mis opiniones son éso, opiniones, no creo andar muy descaminado. Los datos que introduzco en el artículo, datos de legislación, etc. son absolutamente ciertos. Las preguntas que usted se hace me parecen atinadas peor no tengo las respuestas. Creo, en general, que es necesario que en los puestos políticos y decisorios haya gente mejor preparada. Para eso la política debe ser una actividad prestigiada y adecuadamente remunerada. Estamos en un círculo vicioso. Tal vez le interesen otros post de mi blog en los que he tratado este asunto.
      Gracias por su interés.

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