LOS PROBLEMAS DEL OBISPO

“No me ha sido fácil discernir algunas cuestiones pastorales como la presidencia por parte del obispo en todos los funerales por las víctimas del terrorismo”

Ricardo Blázquez, quien ha sido hasta ayer Obispo de Bilbao, reconoce haber tenido dificultades para presidir funerales de víctimas del terrorismo.

Sería necesario saber que tipo de dificultades y en que medida han afectado a su ministerio.

Dado que Monseñor Blázquez llegó hace quince años a la sede episcopal de Bilbao, las dificultades a las que hace referencia no pueden provenir del influjo de los poderes públicos, como le ocurrió a su predecesor Antonio Añoveros en 1974. En Septiembre de 1995 el aparato de poder franquista, aquél que mantenía la anacrónica prerrogativa de “presentación” en virtud de la cual el Vaticano antes de nombrar a un Obispo debía notificar al Gobierno el nombre del designado por si existiesen “objeciones concretas de índole política” (Acuerdo entre la Iglesia y el Estado español de 28 de julio de 1976) estaba más que fenecido y en Bilbao y su diócesis la autoridad política era ejercida de manera omnímoda por el Partido Nacionalista Vasco.

No cabe ninguna duda de que al igual que en la historia de España ha existido una unidad estratégica entre “el Altar y el Trono” con manifiestas e indeseables consecuencias. En nuestra Euskadi, esta unión de los intereses de la Iglesia con los de los sectores sociales más reaccionarios fue pieza clave en el nacimiento del carlismo, primero y del nacionalismo, después: “Dios y Ley Vieja”… “Jaungoikoa eta lagi zarra”… JEL… “jeltzales”…pero el sistema político vasco no disponía de semejantes “prerrogativas” de manera oficial.

Las dificultades a las que hace referencia no pueden ser, por tanto, de orden jurídico ni de orden técnico u organizativo, pues su potestad era plena en el interior de la diócesis, de modo que el Obispo disponía desde un primer momento de la autoridad necesaria para celebrar y presidir todos los funerales por las víctimas del terrorismo.

Sigue, entonces, vigente la cuestión que nos inquieta… ¿Qué tipo de dificultades se oponían a la celebración por parte de su Ilustrísima de los funerales por las víctimas del terrorismo?

Si no parece tratarse de ninguna clase de censura externa de carácter imperativo ni de ninguna dificultad técnica… ¿De que oscuro problema estamos hablando como para que ahora, tantos años después, se convierta en el eje central de su rendición de cuentas, de su testamento pastoral?

Nos habla Monseñor Blázquez en su homilía de despedida de los hechos más relevantes para él en estos largos quince años de labor. No hace mención expresa alguna de ETA, organización terrorista que se ha llevado en ese tiempo por delante la vida de alguno de sus corderos. No parece, por tanto, que sea ETA la personificación de esas “dificultades” sedicentemente arrostradas por Don Ricardo en el desempeño de su labor.
¿De dónde nacieron, entonces, tales impedimentos?… “La reflexión teológico-pastoral me ha ocupado mucho tiempo”, dice. ¡Bien está! ¿Será, entonces, que dichas dificultades surgen de su propia reflexión?… ¿Que clase de escrúpulo psicológico le llevaba a no ponerse el primero, en nombre del Nazareno, al lado de las víctimas inocentes del delirio y la violencia terrorista?

Si las dificultades referidas no surgieron de sus propios miedos, humanos pero inaceptables como argumento, sino que tuvieron como origen alguna fuente ajena (hipotéticamente sus superiores, sus inferiores, los sacerdotes vascos, sus feligreses más cercanos y devotos, las autoridades locales de cualquier índole, etc.) su deber, su deber cívico, moral y teológico habría sido denunciarlas con toda la fuerza de su alma. Lo de menos hubiera sido afrontar la contumacia en el desprecio con el que fue recibido por el mundillo nacionalista. Lo de menos es que el señor Alcalde de Bilbao, perdonavidas como es, reconozca quince años después como “señor” a quien solo consideraban “un tal”. Cristo, según el relato evangélico, no vino a hacerse con el respeto de los fariseos sino a escandalizarlos, a exasperarlos hasta el punto de que lo asesinaran.

El buen pastor, Monseñor, no es el que dándose cuenta de que le falta una oveja arrebatada, pongamos por caso, por el lobo terrorista, reflexiona dolorido durante toda la noche sino el que, dejando al resto del rebaño en sus preocupaciones “teológico –pastorales” cotidianas, sale a los campos a buscarla, a reivindicarla, cueste lo que cueste y le pese a quien le pese.

No, Señor Blázquez. No es verdad. Usted no tuvo dificultades para oficiar los funerales por las víctimas del terrorismo. Si algo le dificultó su labor pastoral y profética fue el miedo. Su miedo a la poderosa sociedad nacionalista, tan enferma y tan cruel.

Si al fin, pasado el tiempo, consiguió vencerlo para situarse indubitadamente junto al que sufre. Si aceptó su cruz en vez de negar a su maestro tres o treinta veces, mejor para usted. Mejor como hombre y muy posiblemente, como cristiano, aunque a ese respecto nadie puede juzgar a los demás.

Yo le deseo, en todo caso, la mayor felicidad y acierto en su nuevo destino.
Publicado el 19 de Abril de 2010

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