PALABRAS ENCADENADAS

 

Con frecuencia, suele ser de la unión de dos palabras de donde surgen nuevos términos para expresar los conceptos que van apareciendo a impulsos de la técnica, la política o los usos sociales.

 

En ocasiones esta fusión no alcanza un significado tan evidente y unívoco como en los clásicos “sacacorchos” o “abrelatas” y las palabras establecen entre sí lazos semánticos más débiles. Diríamos, imaginariamente, que no llegan a casarse pero que…”salen juntas”.

 

La enorme capacidad performativa del lenguaje sirve para que con frecuencia dotemos de verosimilitud a conceptos poco comprensibles, a veces falsos o directamente absurdos.

 

Cuando esta contradicción resulta excesiva nos encontramos ante un oxímoron, figura retórica consistente en armonizar dos conceptos tan evidentemente opuestos que provoquen en el lector o en el oyente una reacción metafórica, el descubrimiento de un tercer sentido, una ironía, con la que incluso puede pretenderse un efecto humorístico, como en el comentario atribuido a Miguel de Unamuno sobre el periódico titulado “El Pensamiento Navarro”, siendo ambos conceptos (Pensamiento y Navarridad) incompatibles al parecer del ilustre bilbaino.

 

Muchas veces no se trata tanto de buscar términos que definan por asociación conceptos nuevos sino de colar a través de  palabrejas que se ponen de moda puro saber convencional cuando no verdaderas falacias. Y cuelan… ¡desde luego que cuelan! Encontrarlas y desenmascararlas puede resultar un ejercicio entretenido, además de una saludable labor de higiene mental.

 

Algunos de estos “gazapos” semánticos más falsos que un duro de madera que podemos expurgar en cualquier medio de comunicación serían, por ejemplo: “Banca-solidaria”…”Ciencia-cristiana”…”Justicia militar”…”Federalismo-competitivo”(o asimétrico)…”financiación-sin endeudamiento”…”Capitalismo-humano”… ”Sociedad-unipersonal”… (trabajador) “autónomo- dependiente”…”Deuda-histórica” (o derecho histórico)… etc.

 

El mecanismo habitual de palabrogénesis suele consistir en la unión de dos términos (aunque pueden ser más, como en los brillantes casos de “Responsabilidad-social-corporativa” o “Cooperación-público-privada”)  uno de los cuales tiene la finalidad de aplicar una primera capa de enmascaramiento mediante algún sinónimo que haga referencia al concepto que se pretende vender evitando su carga emocional negativa.

 

Así, por ejemplo, se habla de “deudas” o “derechos” cuando se quieren expresar “pretensiones”…Se dice “asimétrico” para no tener que decir “desigual”…etc.

 

Una vez  suficientemente enmascarado el concepto principal, se le añade otra palabra cuya misión es la de adherir unas cualidades positivas de las que originalmente carece.

 

 Así, al modelo de convivencia desigual e insolidaria que realmente se propone (bajo los eufemismos de asimétrica y competitiva) se le añade nada menos que “Federalismo”…palabra políticamente correcta y biensonante donde las haya…pocas veces invocada, por cierto,  con menos fundamento y más osadía… ¡Si Hamilton levantara la cabeza!

 

Algo similar ocurre con los términos “ética”o “solidaria” que le sientan al concepto “Banca” como un tiro, o el de “autonomía referido precisamente a un obrero tan radicalmente explotado que ni siquiera dispone de un contrato de trabajo decente o el carácter “histórico” que parece añadir secular legitimidad a pretensiones económicas de novísimo cuño, etc.

 

Todo lo dicho no impide que estos polinomios semánticos triunfen por absurdos que sean. Esto ocurre porque los que escribimos, los que hablan en público, los que buscan hacer opinión y en general, los que pretendemos estar a la última, sucumbimos con gran facilidad a la vanidad de utilizar la jerga de los iniciados y a los nombres bonitos, por idiota que pueda parecer, como ha ocurrido recientemente con los fondos “basura” llamados “.Fondo de estrategias de crédito estructuradas de alta gama” o “Fondo de apalancamiento mejorado de crédito estructurado de alta gama”.

 

Una vez instalado el matute comienza a producir una abundante documentación a modo de citas, artículos, referencias, discursos, etc. con lo que, del mismo modo que la larva del coleóptero segrega su coraza, el   neoconcepto construirá  su propia existencia.

 

 ¿Quién podría negar la validez de un principio reconocido, por ejemplo, en los textos legales o del que se viene debatiendo desde hace años en los foros más expertos o avalado por prestigiosos consultores?… ¿Cómo aceptar que dentro de la brillante armadura del más valiente y refinado caballero de Carlomagno ( don  Agilulfo de los Guidivernos) no hay nada ni nadie?

 

¿Cuál es la ideología política de Tintín?… ¿Come Popeye solamente verduras? Sencillamente (y lamentaría si con ello destrozo las ilusiones de alguno) ni Popeye ni Tintín ni Blancanieves ni el Federalismo asimétrico ni la Banca solidaria ni los Derechos históricos  existen. Son personajes de ficción.

 

06/11/2007

 

 

 

 

 

 

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