COSTES Y SINERGIAS

Según se afirma en los periódicos (18-11-08) la teoría que manejan los directivos de las cajas de ahorros en trance de fusión en Euskadi, la vizcaína BBK y la guipuzcoana Kutxa, consiste en que «las sinergias de la fusión neutralizarán los costes de la misma en dos años».
Desde luego en cualquier explicación, preferiblemente cuando se intente contar un cuento, siempre es bueno aportar algún dato concreto, aunque sea secundario, porque añade verosimilitud al discurso total.
De este modo, si los anunciantes dicen que serán dos años, no un lustro ni seis meses sino precisamente dos años, el lector tenderá a pensar que después de estudiar el asunto, con sus pros y sus contras, han llegado a esa conclusión. Da la impresión, sin embargo, de que han dicho dos años como podían haber puesto cualquier otro período, o ninguno. Lo digo porque los portavoces de las entidades eluden, acto seguido, concretar los costes ni la materialización de las invocadas ventajas competitivas derivadas de la fusión. Entonces, si no tenemos clara la medicina… ¿cómo vamos a conocer de antemano sus efectos?
No se explican los costes ni las sinergias de una operación que, no obstante, recibe a priori el calificativo de ‘trascendental’, entre otros muchos por nuestro propio lehendakari.
Resulta sin embargo llamativo el hecho de que quienes promueven ante la opinión pública la fusión no sean capaces, o no se tomen la molestia, de explicar a la gente en qué consisten los costes y los beneficios que se hayan de derivar para la sociedad vasca (insisto: para la sociedad vasca) de todo este asunto. Máxime cuando, al parecer, son tantas y tan evidentes las ventajas que solamente algunos contumaces se empeñan en no verlas.
Quizás sea oportuno acudir, una vez más, a la conocida escena del cuento de Andersen en la que es un niño recién llegado el que pone en evidencia la falsedad del traje del emperador, traje tan maravilloso (trascendental podríamos decir ahora) que su cabal contemplación sólo estaba al alcance de los sabios y… ya se sabe, son muy pocos (y en la Corte, ninguno) los que están dispuestos a pasar por tontos.
No obstante, por si tuviéramos la oportunidad de asistir a un debate público sobre el asunto como si fuésemos una sociedad democrática de verdad, podemos intentar el análisis a la luz de los escasos datos suministrados.
En efecto, las cajas de ahorros territoriales, como es bien conocido, tienen sellado (o por lo menos tenían hasta ahora) un pacto anticompetitivo en virtud del cual ninguna de las tres abría sucursales en los territorios de las demás. Es decir, que salvo que a la futura caja fusionada le diera por reducir el servicio que presta en el conjunto de Euskadi, algo poco probable, al no existir oficinas duplicadas no sobrarán sucursales ni consecuentemente personal, tal y como se reconoce en los acuerdos laborales anunciados a bombo y platillo.
Dicho en otras palabras. La fusión de las cajas de ahorros podrá, tal vez, aportar algún otro tipo de sinergia competitiva pero no la derivada de los ahorros inherentes a la simplificación de la red comercial… ¿Quién sabe? Todo dependerá de cuáles sean las directrices estratégicas que la futura caja establezca para posicionarse en el mercado financiero. Por ejemplo… ¿Piensan olvidar el viejo acuerdo de distribución territorial y extender, en competencia con la Caja Vital, su red de oficinas por el Territorio Histórico de Álava?… ¿Vascos contra vascos?
En cualquier otro caso no se producirá una economía de escala lo suficientemente significativa como para que pueda hablarse de ‘sinergias’… A no ser que decidan ‘cepillarse’ a la mitad de la cúpula directiva de la caja fusionada a dos (o a las dos terceras partes de una caja fusionada a tres), dado que el personal directivo es lo único que resultaría redundante.
Si nos fijamos en los costes, vemos que para las cajas de ahorros, empresas prestadoras de servicios por antonomasia, la estructura de costes operativos (excluidos obviamente los financieros) bascula fundamentalmente sobre los de personal, es evidente. Pero si las cajas fusionadas no van a encontrarse, como parece admitirse, con excedentes laborales significativos, ¿qué otros costes derivados directamente de la fusión habrán de ‘neutralizarse en dos años’ mediante las proclamadas pero aún inexplicadas ‘sinergias’?
Las cajas no se encuentran con costes sobrevenidos que emerjan como consecuencia directa de la fusión sino que, a tenor de la información ofrecida hasta ahora, son los gestores de las cajas las que han decidido voluntariamente (en la mesa de negociación) asumir unos determinados costes laborales… ¡Que no es lo mismo, ni mucho menos!
Los promotores de la fusión, empleados a su vez, han negociado con los representantes de los trabajadores de las cajas de ahorros (paradigma de lo que antiguamente se denominaba ‘aristocracia obrera’) no ya un ambiente razonable de paz social sino directamente de adhesión entusiasta, mediante el conocido y eficaz recurso del ‘dinerito fresco’.
El problema, que al parecer a nadie importa, es que si los recursos generados por un negocio se destinan a la remuneración de los empleados (y supongo que a la indemnización de los directivos excedentarios, aunque no se ha informado al respecto) se está actuando directamente contra la cuenta de resultados, es decir, contra los futuros beneficios del accionista, si se tratara de una empresa capitalista o contra la posible Obra Social, en el caso de las cajas. Porque el caso no es comprobar si la Obra Social, misión estratégica de todas las cajas, es cada año mayor que el anterior, ¡faltaría más!, sino calibrar la cantidad de recursos que podrían destinarse a dicha función benéfico-social mediante una gestión inteligente, prudente y austera de las entidades, no audaz, brillante, imaginativa o competitiva, sea eso lo que sea. Para las apuestas arriesgadas ya está el señor Botín, que gasta de lo suyo.
En nuestro caso, el acuerdo alcanzado, que es la fuente de esos nuevos costes, implica entre otras cosas menos horas de trabajo (adaptándose a la caja en la que menos se trabaja), mayores sueldos (haciéndolo ahora a aquélla en la que más se gana) y unas formidables aportaciones a los ya de por sí envidiables fondos de pensiones de todos los implicados (de los empleados y de los directivos…’óptimo paretiano’) además de lubricar tan doloroso trance mediante un aguinaldo extraordinario ‘por las molestias’.
¡Qué duda cabe: la mejor Obra Social empieza por uno mismo!

27.11.2008

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